Chopard

El lujo entre la alta joyería y la alta relojería

Lo que comenzó en 1860 en el empobrecido Jura suizo encontró un nuevo hogar en la capital mundial de los relojes de lujo, Ginebra, y finalmente ocupó un lugar en el olimpo de los fabricantes de relojes de lujo. La historia de la marca mundial Chopard tiene su propia dramatización, que también permite una pizca de patetismo. Que aquí también jueguen un papel el sentido comercial y la creatividad de un comerciante de Wurtemberg es una ironía de la historia de los relojes. Chopard es una de las marcas de relojes de lujo con mayor reputación. Una empresa familiar que también conoció las profundidades, pero que nunca se extinguió. Una marca mundial independiente, gestionada con el ethos de una empresa familiar, que genera un volumen de negocios anual de 800 millones de francos con 1700 empleados y está presente en 130 países con más de 100 boutiques propias y numerosos socios comerciales. La estética, el trabajo delicado, la técnica magistral y la noble ejecución caracterizan el estilo de Chopard.

Leer más

Nuestros modelos más populares de Chopard

Una relación trascendental entre Suiza y la Selva Negra

En el siglo XIX, la cordillera del Jura suizo constituía un terreno fértil para maestros relojeros con talento y ambición. Los agricultores de montaña, que vivían con lo justo, se ganaban un escaso complemento de ingresos durante el interminable invierno con la fabricación artesanal de componentes de relojería, aunque nunca de mecanismos completos. Cada familia se dedicaba a la fabricación de diferentes componentes de relojería, que solían ser adquiridos por fabricantes de relojes de Ginebra y ensamblados para formar mecanismos completos. Louis-Ulysse Chopard también fundó una fábrica de relojería y adornó la fachada de su taller con sus iniciales L.U.C., visibles desde lejos, que siguen siendo hoy en día el distintivo de la autenticidad de los mecanismos Chopard. Para aquel joven seguro de sí mismo estaba claro que no quería seguir siendo un simple peón. Sus propios mecanismos, los relojes de bolsillo de precisión y los cronómetros eran su pasión. Desde muy pronto hizo comprobar la precisión de sus relojes en el observatorio de Neuchâtel. A medida que la empresa crecía, Chopard amplió su mercado a la Rusia zarista y a otros países de Europa del Este, hasta que la Revolución de Octubre rusa y la crisis económica mundial de 1929 frenaron el audaz auge de Chopard. Sin embargo, la empresa se mantuvo valientemente a flote mientras otras marcas de relojería caían en el olvido (temporal). A partir de 1943, Chopard-Grandfils abrió un nuevo mercado en Escandinavia, antes de que un declive progresivo redujera la plantilla a tan solo 10 empleados en 1960. Como quiso la vida y el destino, en el momento oportuno se encontraron precisamente los interlocutores adecuados. La empresa relojera de larga tradición Scheufele, fabricante de relojes de oro de alta calidad, con sede en Pforzheim —ciudad de la Selva Negra del Norte con una tradición relojera no menos rica—, se topó, en su afán de expansión, con la empresa suiza en horas bajas. Ya el bisabuelo Scheufele había utilizado mecanismos de empresas suizas de calidad como Blancpain, Vacheron Constantin y Jaeger-LeCoultre para la fabricación de relojes: el terreno estaba preparado. Se ganó la confianza y el aprecio de la otra parte, y en 1963 se llegó a un acuerdo.

Chopard: mecanismos con alma y refinamiento

Karl Scheufele III asumió una tarea nada fácil. Por ello, hay que valorar aún más la evolución ejemplar que ha experimentado la empresa hasta la fecha. A medida que iba surgiendo la conciencia de marca propia de la época, en Chopard también crecía el ambicioso deseo de fabricar sus propios movimientos. Movimientos que fueran aptos para formar parte de la Alta Relojería y que cumplieran los exigentísimos criterios de homologación del Sello de Ginebra. Aunque el sector lo ponía en duda, este ambicioso proyecto acabó teniendo éxito. En 1996, con la fundación de su propia planta de producción en Fleurier, comenzó para Chopard una nueva era como manufactura relojera. Todos los procesos —desde el diseño hasta la fabricación— se llevan a cabo internamente con gran maestría, una excelente artesanía y una minuciosa atención al detalle. La joven manufactura contó con el apoyo del genial artista relojero Michel Parmigiani, quien mantiene una relación especial con los relojes: «Un reloj es como un ser vivo con un mundo interior». Las colecciones de Chopard combinan cualidades deportivas con una elegancia exquisita. Su perfección técnica, su rendimiento impecable y su resistencia las hacen aptas para obtener el certificado de cronómetro del COSC y el sello de calidad FQF. La colección atemporal Classic no podría parecer más sencilla en cuanto a aspecto y estilo si no fuera porque está dominada por esferas muy expresivas. La línea Classic Racing, con las tres series Grand Prix de Mónaco Histórico, Superfast y Mille Miglia, evoca el fervor de las carreras de automóviles mediante una gran variedad de complicaciones. En cuanto al número y la calidad de las funciones adicionales, la colección L.U.C. —un homenaje al fundador de la empresa— la supera aún más. La cronología de los movimientos de Chopard se lee como un elogio a esta manufactura aún joven y pone de manifiesto cualidades revolucionarias: en 1997 sorprende el L.U.C. 1860, el primero en incorporar el calibre L.U.C. 1.96 de Chopard. En el año 2000 le siguió el L.U.C. Quattro, con el calibre L.U.C. 1.98 y una asombrosa reserva de marcha de 9 días. Apenas un año después apareció ya el calibre L.U.C. 3.97 Tonneau, con movimiento automático y microrrotor excéntrico. En 2006, el L.U.C. Chrono. Finalmente, en 2007, Chopard presentó, con el L.U.C. 10 CF, su primer movimiento cronógrafo automático, que dio lugar a tres patentes, así como el L.U.C. 63.01 L y otros.

En Chopard, brillan tanto los relojes como las miradas

También, y sobre todo, en lo que respecta a su propia imagen, Chopard apuesta por el estilo: en 2010, coincidiendo con el 150.º aniversario de la empresa, inauguró su boutique número 100 en una ubicación privilegiada de la avenida Madison de Nueva York, con una superficie de venta de casi 300 metros cuadrados. En el museo de relojería de la casa, el L.U.CEUM de Fleurier, unas fascinantes piezas expuestas, que abarcan el arte relojero de todas las épocas y regiones europeas más importantes, dan fe de la confianza inquebrantable de Chopard desde los inicios de Louis-Ulysse. Bajo el encanto de los relojes de lujo de Chopard, no hay que olvidar que la empresa también destaca como fabricante de joyería exquisita y que, además, es líder en el sector de los perfumes de lujo. En la joyería de Chopard, elaborada en su mayor parte a mano, la elegancia refinada se fusiona con la delicadeza técnica. Las piedras preciosas no solo realzan la colección para mujer. En todas las colecciones de joyería se aprecia un refinado sentido artístico y el deseo indomable y eternamente joven de adornarse con las materias primas más nobles. Caroline Gruosi-Scheufele, en su calidad de copresidenta de Chopard, es la responsable del éxito del departamento de joyería. Todo comenzó con un sencillo colgante. Posteriormente, la serie Happy Diamonds, con su generoso uso de piedras preciosas y diamantes, despertó el deseo de más. Las mujeres elegantes y distinguidas, con un toque caprichoso, a las que les gusta llamar la atención, lucen las joyas de Chopard con la misma seguridad con la que llevan el icónico reloj Imperiale Tourbillon de Chopard, de oro rosa de 18 quilates con amatistas, diamantes y una correa de piel en un atrevido tono púrpura. Precisamente para esos «momentos exquisitos de felicidad electrizante», tal y como reza el lema de la empresa.

Coches clásicos, motores y pasión por los relojes de lujo

Como socio de glamurosos eventos cinematográficos, Chopard destaca desde hace tiempo como uno de los principales patrocinadores del Festival de Cine de Cannes. La colaboración con la carrera de coches clásicos Mille Miglia sirvió de inspiración para crear un cronógrafo destinado a mujeres con estilo, apasionadas no solo por las joyas excepcionales, sino también por los caballos de potencia. El diseño de neumático de la correa de caucho, la femenina esfera de nácar con agujas azul celeste y plateadas, y el bisel, que puede adornarse con diamantes si se desea, no deben hacer olvidar que, en la caja de acero inoxidable de aspecto masculino y de 44 mm de la Mille Miglia late un corazón de tecnología sólida como el acero: un movimiento automático que funciona a 28 800 alternancias por hora. En 2015, Chopard dedicó una colección especial a un hito del automovilismo: el histórico Gran Premio de Mónaco. Una joya muy apreciada (no solo) por los coleccionistas.